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Luis Gutiérrez: “Las variedades autóctonas son una ventaja competitiva frente la globalización de las variedades internacionales”

Hace unas semanas el catador para la prestigiosa revista norteamericana The Wine Advocate, fundada por Robert Parker, estuvo en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Toro para valorar 120 vinos. Como en otras ocasiones, aprovechamos para charlar un rato con él y conocer sus impresiones tanto de los vinos de Toro como de la situación actual del sector.

C.R. ¿Cuál es su primera impresión de los vinos de la D.O. Toro que ha catado?

L.G. Las añada 2016 ha sido una añada más fresca y los vinos lo reflejan. 2015 ha sido más cálida, los vinos son más maduros. A mi me gusta más el frescor del 16. A la gente le suelen gustar las añadas más calientes, porque son más fáciles, con menos problemas sanitarios, pero muchas veces lo más fácil no es lo mejor. Aunque de las añadas recientes me haya gustado más la 2016, no se puede generalizar, hay que ir a los detalles específicos de cada vino.

C.R. El efecto añada es importante, ¿se refleja en los vinos?

L.G. Todavía hay una tendencia a dejar la uva muy madura y a vendimiar tarde. Esto provoca que haya un grado alcohólico alto, poca acidez y muchos vinos terminan siendo pesados. En una zona como Toro lo que hay que buscar es el frescor y la elegancia, la potencia y la concentración ya vienen dadas. A veces las añadas calientes acaban dando vinos muy tánicos.

C.R. ¿Hay alguna zona de la D.O. Toro que le guste en particular?

L.G. No es fácil, depende del trabajo del viticultor. Hay partes del sur, donde hay suelos con mucha arena, por el Pego, Venialbo….Que tienden a marcar más los vinos dependiendo de la elaboración. Para ir buscando el carácter de los sitios hay que vendimiar las uvas en el momento óptimo, para que puedan transmitir el origen. La tendencia es ser más específico con el sitio, que puede ser Toro, de forma generalizada, o algún pueblo o paraje que tenga características especiales y se diferencie del resto. Por proceder de un solo viñedo no va a ser mejor un vino, pero tiene que reflejar lo que pone en la etiqueta, que es el sitio y la añada.

C.R. ¿Cree que, de forma generalizada, se sigue abusando de la madera?

L.G. Donde hay que trabajar en el viñedo. Estamos demasiado centrados en el proceso y hay que ir al origen, al viñedo. Lo importante no son las barricas. Para mi la madera no es un ingrediente del vino, debería ser una manera de que que el vino se haga, respire, crezca, pero no de añadir aromas, sabores y taninos, aquí no hace falta. Si tienes una añada muy seca, en que las uvas están concentradas y los vinos son tánicos, no es positivo añadir más tanino.

“Más sitio y menos proceso”

C.R. ¿Cuáles son las tendencias actuales en el mundo, tanto en elaboración como en los gustos de los consumidores?

L.G. La tendencia es a reflejar más los sitios, que los vinos sean más transparentes, que los vinos estén menos marcados por el proceso y más por el origen. Más sitio y menos proceso. Identidad. Creo que el consumidor quiere vinos que sean bebibles, la gente lo que quiere es disfrutar, más frescor y menos exceso de todo tipo (de extracción, de tanino, de alcohol, de precio, de peso de las botellas…) Para mi la palabra es ‘equilibrio’. Lo que debería querer el productor es que la gente se beba el vino, no que lo compre, sino que se lo beba.

C.R. ¿Qué te tiene que llamar la atención de un proyecto para interesarse por sus vinos

L.G. Al final es una cosa de intuición y de ver el conjunto, entender todo: el sitio, el entorno, la personalidad de los lugares. El respeto por el campo, por la agricultura, cada vez es más importante la agricultura orgánica. Nos hemos excedido en el uso de herbicidas, pesticidas…

C.R. ¿Y piensa que el consumir aprecia y valora lo orgánico?

L.G. No todo el mundo, pero si hay una serie de consumidores más preocupados, más interesados por el tema.. Al final todo eso va permeando, va bajando y cada vez toma más importancia, el resto de los consumidores se van enterando. Lo que hacen las bodegas que van abriendo camino, que van presentando sus vinos por el mundo, que apuestan por la recuperación de variedades autóctonas, tienen una influencia en el resto de las gamas de los vinos. Es una pirámide, por eso creamos una jerarquía con las puntuaciones. 

“Las variedades autóctonas son una ventaja competitiva”

C.R. ¿Y las uvas autóctonas? 

L.G. Las variedades autóctonas son una ventaja competitiva frente la globalización de las variedades internacionales, porque tan marciano es el Cabernet Sauvignon en Canarias, como el Tempranillo. Ahora se ha dado la vuelta a la tortilla y ahora el tener variedades diferentes que están adaptadas a tu clima, a tu suelo, a tu pueblo, es una ventaja competitiva.

C.R. Transmitir todas esas particularidades desde un medio internacional como es The Wine Advocate debe ser complicado, ¿cómo se traslada toda esa información al mundo?

L.G. Hay miles y miles de vinos y muchísima información. Hay que repetir las cosas 3 millones de veces para que a la gente se le vaya quedando. Es una pirámide y una punta de lanza, la gente que nos sigue muchas veces son sumilleres de todo el mundo. Pero es un proceso lento, hay que intentar explicar las cosas muchas veces, de una forma sencilla, sin tecnicismos, hablando de las cosas normales, de los sitios, de la gente, de las historias, de las tradiciones, de los paisajes… Es un proceso lento. Además hay mucha gente intentando captar la atención del consumidor.

C.R. ¿Qué hace antes de ir a catar los vinos de una determinada región?

L.G. Tengo que hacer una preparación, que es preguntar, leer, buscar, cotillear y que me cuenten. Hago una labor de preparación y filtrado, porque no puedo catar todos los vinos que se hacen en España, Chile, Argentina…. Ahora con la comunicación que hay es muy difícil no enterarse si hay una cosa interesante.

C.R. ¿Qué percepción tiene el consumidor internacional de Toro?

L.G. Yo creo que no excesivamente positiva porque la gente ha acabado haciendo un estereotipo debido a todos esos excesos de tanino, alcohol…. Lo importante es sacar a la gente de este estereotipo porque todo depende, unos si y otros no, no se puede generalizar. Pasa lo mismo en otras regiones, como Chile.

C.R. ¿Qué hay que hacer para elaborar un gran vino?

L.G. Viajar y gastarse mucha pasta en comprar vinos, en beber, en visitar zonas, ver viñedos, ver cosas distintas, hablar con la gente … Al final la correlación entre los que hacen los mejores vinos y los que hacen eso es tremenda.

C.R. Seguimos con malos datos con respecto al consumo de vino en nuestro país, sobre todo entre la gente joven, ¿qué podemos hacer?

L.G. Es uno de los problemas más grandes que tenemos en España, tenemos el consumo de vino per cápita más bajo de Europa. Es realmente preocupante y vergonzoso, a la gente joven le hemos asustado hablando de polimerización de taninos. Hemos hablado mucho del proceso sin enseñar los paisajes alucinantes que tenemos. A la gente joven le gusta el rock, bailar, estar con los amigos…

 

¡Muchas gracias Luis por tu tiempo!

 

Casi la mitad de los vinos de Toro catados por Luis Gutiérrez llegan o superan los 90 puntos Parker

Este fin de semana el crítico Luis Gutiérrez, colaborador en España, Argentina y Chile para The Wine Advocate, la famosa revista estadounidense  fundada por Robert Parker, ha publicado las puntuaciones de los vinos de Toro, donde estuvo catando a primeros de agosto.

Los resultados son en general muy satisfactorios, pues 56 de 116 vinos catados han obtenido 90 puntos o más, incluso algunos han conseguido llegar a los 95 y 96 puntos.

En el artículo dedicado a los vinos de Toro,  titulado ‘Toro: ¿Aires de cambio?’,  Luis Gutiérrez pone sobre todo en valor la calidad de los viñedos de la zona debido a su edad y al suelo en el que están plantados. “Es imposible no comparar Toro con Ribera del Duero. Mientras ciertamente Toro es más rústico, hay mejores vinos en general en Toro que en Ribera del Duero. Primero, porque hay menos bodegas y vinos, por lo que la calidad media es posiblemente mayor”, afirma, y explica que la mayor diferencia entre Ribera del Duero y Toro es que “hay mejores viñedos en Toro, quedan más cepas viejas que en la vecina Ribera del Duero y se han plantado menos clones en tierras de regadío de patata y remolacha”.

Luis Gutiérrez

El crítico español destaca que cada vez más se habla de la distinción de tipos de suelo en Toro, divididos principalmente en suelos arenosos y suelos de canto, pero siempre con un gran  componente de arcilla.  Las cepas plantadas en terrenos arenosos, además favorecer “vinos finos”, aguantaron al ataque de la filoxera, de ahí que aún exista mucho viñedo viejo plantado en pie franco, es decir, sin injerto.

Unos viñedos que, como ya ha comentado Amancio Moyano (presidente de la Denominación de Origen) en alguna ocasión, son la joya de la corona, el mejor patrimonio del campo toresano, patrimonio que los viticultores conservan, respetan y cuidan.

Luis Gutiérrez comenta que se ha encontrado con vinos frescos, con una correcta acidez y mucha fruta, aunque aún queda camino por recorrer ya que algunos vinos todavía muestran sobre maduración y exceso de presencia de barrica.

Luis Gutiérrez: “En España todavía hay una imagen del vino como una bebida antigua”

Aprovechando la visita de Luis Gutiérrez al Consejo Regulador de Toro, hemos querido preguntarle acerca de los vinos de la Denominación de Origen, la situación del mercado actual y también sobre su trabajo para Robert Parker en la afamada revista The Wine Advocate.

¿Cómo ve la evolución de los vinos de Toro?

Se va moderando un poco la potencia en los vinos, porque la tienen naturalmente y no hace falta empujarla más. La cuestión aquí es buscar la elegancia.

¿Y cree que se está consiguiendo?

Unos más rápido y otros más despacio, pero en general sí que noto más moderación en el uso de la madera, de la extracción, de la madurez… Se van notando las cosechas, el carácter de cada añada. Es lo que a mí me interesa, que lo que pone en la etiqueta, que el sitio y la añada, se refleje en el vino.

¿Cuál sería para usted la nota de cata ideal para un vino de Toro?

Para mí, en general, un vino que muestra el carácter del sitio, que muestra la uva, la añada… Aquí tiene que haber potencia con rusticidad, que es el estilo propio, y encontrar el equilibrio y la elegancia. El vino debe ser agradable, tener buena acidez, frescor.

Luis Gutiérrez y Rubén Gil, secretario de la D.O. Toro, en la sede del Consejo Regulador

Luis Gutiérrez y Rubén Gil, secretario de la D.O. Toro, en la sede del Consejo Regulador

¿Cuál es la tendencia en el consumidor?

Tenemos tendencia a exagerar. Si antes exagerábamos en madurez, potencia, ahora tenemos el riesgo de irnos al otro extremo y empezar a vendimiar uvas verdes, vinos con poco sabor… El punto es el equilibrio. Al final, cuando haces vinos excesivos, hacia un lado o hacia el otro, no se los bebe la gente. Si son demasiados potentes, porque te tumban, te bebes una copa y dejas la botella a medias; y los otros porque te saben  a poco. Incluso el mismo productor se da cuenta de que cuando encuentre el punto de equilibrio, el vino se bebe mucho mejor. Con lo cual, se vende mejor.

¿Y en el mercado internacional?

Diferenciación, carácter, “bebibilidad”, frescura, equilibrio y vinos de placer. La gente bebe vino por gusto, ya no es como antes que era parte de la alimentación.  Ahora se bebe de otra forma, se bebe menos y mejor. Lo que pasa es que en España es muy preocupante el consumo tan bajísimo, es más o menos la mitad que en los países de nuestro entorno.

Y la pregunta del millón, ¿cómo se puede incentivar ese consumo?

Es la pregunta del millón de dólares y no tiene una respuesta fácil.  Yo creo que lo que nos pasa en España, o en otros países como Chile, es que todavía hay una imagen del vino como bebida antigua, de los abuelos, de vino de mala calidad, que había que ponerle agua o Casera para que fuera bebible porque no eran nada agradables y no estaban limpios.

La gente joven no tiene la mentalidad de que el vino sea una cosa divertida, chula, para ligar o para invitar a tu novia… Pero por ahí fuera sí que está de moda, los jóvenes salen y beben vino. En Argentina, Dinamarca, Estados Unidos, etc. hay un montón de sitios de vino para jóvenes; la gente bebe vino con la comida y sale a beber vinos con los amigos. Eso aquí no lo tenemos y va a venir como parte de la moda cuando los jóvenes se den cuenta de que en otras ciudades, como Singapur o San Francisco, ‘mola’. Además nosotros hacemos todo muy rimbombante, muy encorsetado, muy misterioso. Esto es más fácil, te gusta o no te gusta.

¿Qué piensa de las nuevas elaboraciones orientadas precisamente a incentivar el consumo de vino en los jóvenes?

No creo que sea malo pero tampoco creo que sea el camino. Yo creo que si la gente joven entra, va a entrar por vinos fáciles, pero no por bebidas industriales azucaradas o gasificadas;  sino por vinos amables, que tengan acidez, que se beban bien, que de gusto beberlos, que vayan bien con la comida.

¿Cuál es la parte más emocionante de su trabajo como catador?

Para mí aprender y darte cuenta de lo bonito que es el mundo del vino, de lo complejo que es, de la diversidad que hay. Me gusta mucho el campo y los viñedos, me gusta hablar con la gente; es cuando realmente entiendes lo que es una zona, un tipo de vino es más de lo que hay en la botella, es todo el entorno. Es un contexto cultural, complejo y muy bonito.

El mundo del vino es un mundo generoso, de compartir, de pasarlo bien, de disfrutar. Pero, sobre todo, de compartir, mucho (La mejor botella que tengo no se me ocurre bebérmela en el cuarto de baño para que no me vea nadie). Y descubrir cosas nuevas, bodegas nuevas, gente que está empezando a hacer cosas diferentes, que se están emocionando por descubrir… Ahora estoy aprendiendo muchísimo de Chile y Argentina, que es parte de lo que tengo que hacer, no conocía prácticamente nada y estoy alucinando de lo que aprendo y de lo poquísimo que se sabe del vino; lo amplio que es, lo bonito, lo diverso… Ver que la gente está buscando su camino y no tanto el aplicar fórmulas de ‘como éste ha tenido éxito, vamos a hacer todos lo mismo’. Más no es necesariamente mejor.

¿Y cuál es la parte más complicada?

El ritmo de trabajo que tenemos es un poco infernal porque tengo que escribir de unos 3600 – 4.000 vinos al año. Eso es estar constantemente organizando los viajes, qué vinos vas a probar, dónde los vas a probar, cómo los vas a probar… Hay días que tienes que catar muchos vinos y que poner muchísima atención.

Desde el Consejo Regulador de Toro, agradecemos a Luis Gutiérrez que haya empleado parte de su tiempo para darnos esta visión tan amplia de la situación vinícola actual.