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Luis Gutiérrez: “En España todavía hay una imagen del vino como una bebida antigua”

Aprovechando la visita de Luis Gutiérrez al Consejo Regulador de Toro, hemos querido preguntarle acerca de los vinos de la Denominación de Origen, la situación del mercado actual y también sobre su trabajo para Robert Parker en la afamada revista The Wine Advocate.

¿Cómo ve la evolución de los vinos de Toro?

Se va moderando un poco la potencia en los vinos, porque la tienen naturalmente y no hace falta empujarla más. La cuestión aquí es buscar la elegancia.

¿Y cree que se está consiguiendo?

Unos más rápido y otros más despacio, pero en general sí que noto más moderación en el uso de la madera, de la extracción, de la madurez… Se van notando las cosechas, el carácter de cada añada. Es lo que a mí me interesa, que lo que pone en la etiqueta, que el sitio y la añada, se refleje en el vino.

¿Cuál sería para usted la nota de cata ideal para un vino de Toro?

Para mí, en general, un vino que muestra el carácter del sitio, que muestra la uva, la añada… Aquí tiene que haber potencia con rusticidad, que es el estilo propio, y encontrar el equilibrio y la elegancia. El vino debe ser agradable, tener buena acidez, frescor.

Luis Gutiérrez y Rubén Gil, secretario de la D.O. Toro, en la sede del Consejo Regulador

Luis Gutiérrez y Rubén Gil, secretario de la D.O. Toro, en la sede del Consejo Regulador

¿Cuál es la tendencia en el consumidor?

Tenemos tendencia a exagerar. Si antes exagerábamos en madurez, potencia, ahora tenemos el riesgo de irnos al otro extremo y empezar a vendimiar uvas verdes, vinos con poco sabor… El punto es el equilibrio. Al final, cuando haces vinos excesivos, hacia un lado o hacia el otro, no se los bebe la gente. Si son demasiados potentes, porque te tumban, te bebes una copa y dejas la botella a medias; y los otros porque te saben  a poco. Incluso el mismo productor se da cuenta de que cuando encuentre el punto de equilibrio, el vino se bebe mucho mejor. Con lo cual, se vende mejor.

¿Y en el mercado internacional?

Diferenciación, carácter, “bebibilidad”, frescura, equilibrio y vinos de placer. La gente bebe vino por gusto, ya no es como antes que era parte de la alimentación.  Ahora se bebe de otra forma, se bebe menos y mejor. Lo que pasa es que en España es muy preocupante el consumo tan bajísimo, es más o menos la mitad que en los países de nuestro entorno.

Y la pregunta del millón, ¿cómo se puede incentivar ese consumo?

Es la pregunta del millón de dólares y no tiene una respuesta fácil.  Yo creo que lo que nos pasa en España, o en otros países como Chile, es que todavía hay una imagen del vino como bebida antigua, de los abuelos, de vino de mala calidad, que había que ponerle agua o Casera para que fuera bebible porque no eran nada agradables y no estaban limpios.

La gente joven no tiene la mentalidad de que el vino sea una cosa divertida, chula, para ligar o para invitar a tu novia… Pero por ahí fuera sí que está de moda, los jóvenes salen y beben vino. En Argentina, Dinamarca, Estados Unidos, etc. hay un montón de sitios de vino para jóvenes; la gente bebe vino con la comida y sale a beber vinos con los amigos. Eso aquí no lo tenemos y va a venir como parte de la moda cuando los jóvenes se den cuenta de que en otras ciudades, como Singapur o San Francisco, ‘mola’. Además nosotros hacemos todo muy rimbombante, muy encorsetado, muy misterioso. Esto es más fácil, te gusta o no te gusta.

¿Qué piensa de las nuevas elaboraciones orientadas precisamente a incentivar el consumo de vino en los jóvenes?

No creo que sea malo pero tampoco creo que sea el camino. Yo creo que si la gente joven entra, va a entrar por vinos fáciles, pero no por bebidas industriales azucaradas o gasificadas;  sino por vinos amables, que tengan acidez, que se beban bien, que de gusto beberlos, que vayan bien con la comida.

¿Cuál es la parte más emocionante de su trabajo como catador?

Para mí aprender y darte cuenta de lo bonito que es el mundo del vino, de lo complejo que es, de la diversidad que hay. Me gusta mucho el campo y los viñedos, me gusta hablar con la gente; es cuando realmente entiendes lo que es una zona, un tipo de vino es más de lo que hay en la botella, es todo el entorno. Es un contexto cultural, complejo y muy bonito.

El mundo del vino es un mundo generoso, de compartir, de pasarlo bien, de disfrutar. Pero, sobre todo, de compartir, mucho (La mejor botella que tengo no se me ocurre bebérmela en el cuarto de baño para que no me vea nadie). Y descubrir cosas nuevas, bodegas nuevas, gente que está empezando a hacer cosas diferentes, que se están emocionando por descubrir… Ahora estoy aprendiendo muchísimo de Chile y Argentina, que es parte de lo que tengo que hacer, no conocía prácticamente nada y estoy alucinando de lo que aprendo y de lo poquísimo que se sabe del vino; lo amplio que es, lo bonito, lo diverso… Ver que la gente está buscando su camino y no tanto el aplicar fórmulas de ‘como éste ha tenido éxito, vamos a hacer todos lo mismo’. Más no es necesariamente mejor.

¿Y cuál es la parte más complicada?

El ritmo de trabajo que tenemos es un poco infernal porque tengo que escribir de unos 3600 – 4.000 vinos al año. Eso es estar constantemente organizando los viajes, qué vinos vas a probar, dónde los vas a probar, cómo los vas a probar… Hay días que tienes que catar muchos vinos y que poner muchísima atención.

Desde el Consejo Regulador de Toro, agradecemos a Luis Gutiérrez que haya empleado parte de su tiempo para darnos esta visión tan amplia de la situación vinícola actual.